¿Irónico, no? ¿Cómo pudieron caer?

Ellos, los que le pusieron el rojo a Papá Noel, los que endulzan los “equis domingos” de tal mes con un mensaje para una mamá o una tía lejana.

Ellos que miran los comerciales de reojo pensando: “qué flojo concepto”, “la idea es buena pero le faltó laburo” o simplemente “¡es una cagada!”.

En estos días confirmé una teoría que había escuchado de uno de mis profes, y referentes: “las ideas se sufren”. Cuando lo escuché, hará ya dos años, pensé que era un bobo por decir eso, tener ideas es lo más, nos hace laburar, confundirnos y reirnos. Pero por sobre todo comprobar lo obtuso, lineales, estereotipados y estándar que son los demás, pero nunca sufrir.

¿Cómo pudo decir eso?

Sin embargo, ya no veo las cosas tan así –de hecho leí un estudio que justamente afirma esta teoría: una nueva idea le trae dolor físico a la persona, ya que se contrapone a creencias y cosas aprendidas previamente, y el engendro se confronta con ellos-.

Últimamente estoy sufriendo bastante, me levanto pensando en comerciales –aclaro que tengo personalidad psicópata obsesiva desde antes de la publi- y me quedo dormido frente a una hoja garabateada. Pero es un dolor lindo, como el de rascarse una picadura o sacarse la cascarita.

Cuando de esas líneas absurdas y aburridas y repetidas aparece algo que me hace reir; se me abren los ojos y comienzo a agitarme, normalmente sonrío bastante también: es como contarte un chiste que no te sabías. Es descubrir América, es pisar el set de filmación tuneado de la Luna, es genial.

A partir de allí los garabatos se transforman en textos y planteos con logos gigantes.

Todavía no terminé la carrera, pero creo que esta experiencia me recibió como Publicista –sea lo que sea que signifique- creo que el dolor, la angustia, la felicidad, los amigos, los contactos, las palabras, las ideas y todo eso que lleva consigo me han aceptado.

Ya soy parte de su tribu.

Hoy siento que el dolor del que hablaba mi profe era sólo una iniciación: cada vez que arranco, sin miedo a la página en blanco, sé que va a venir a apretarme el estómago; inevitable paso previo a la explosiva risotada.

Tal vez recién ahora puedo entender eso que pensaba que era estúpido y propiedad de ignaros que responden a estímulos vacíos de un “hdp” como yo. Pero sobre todo aprendí que el dolor por el que pasa esa tía lejana, por hacer lo suyo, merece ser tenido en cuenta, al menos por un rato.

Por primera vez me encontré con un día en el que se festeja algo que tiene que ver conmigo y con mi dolor.

¿Quién lo hubiese dicho?

Yo también pagué por humo.

Feliz día del publicitario.

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