Y un día me encontré en un espacio, extraño, sosteniendo un artefacto sonoro-vibrador; del otro lado mi enemigo, evitamos mirarnos, pero no olvidamos nuestro rencor.

No sé cómo llegué aquí, o en qué parte de “Eternia” me encuentro, sólo puedo mirar hacia delante, hay una burbuja permanente, que a veces deja entrar luz, y otras veces son sombras. Incluso cuando sé que el aro luminoso está más allá.

Hay un bloque como de nube, un centro de rituales ancestrales en los que se hablan cosas que sé que no debería oír -pero que mientras no me conciernan no me preocupan-.

El suelo está como cubierto por una capa señorial, diría que intenta ser suave, pero no lo logra. Y se tiñe, vaya que sí, desde que se me impuso está condena he visto como cambia su color -comienzo a pensar que algo así debe pasar conmigo también-.

Estoy en una estructura, por lo que intuyo es alta, como de quince veces mi altura. Está dividida en pisos. Debajo de mí hay olor a papel, a papel viejo, a papel húmedo, a papel amarillento sin dudas. Arriba es un misterio. Pero he visto caer aros de luz con el centro vacío, más de una vez, y de distintas tonalidades: creo también que tiene alguna relación con el funcionamiento del artefacto sonoro-vibrador sobre el que me recuesto.

De poderme mover -cabe aclarar que por alguna razón no puedo siquiera sonreír, mi cuerpo no responde, y mi cerebro no logra registrar todo lo que ocurre- caería de una gran altura, no sobreviviría, incluso siendo un “Amo del Universo” qué paradoja.

A mis lados, lejos hay pasajes, aberturas, inmensas: de una no podría decir nada, quizá que es de la que más viento corre.

De la otra, la que logro observar con mayor cuidado, sé que hay algo que logra hacer luz incluso cuando no es de día. De allí también he sido testigo de encantadores aromas, como así también de humaredas y ardientes metales.Image

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